
De negro pero con flamas que encendían su traje salió al escenario el español Enrique Bunbury, quien convirtió el escenario del Coliseo General Rumiñahui de Quito en una 'verdadera cantina', en la que no hubo necesidad de bebida ni rocola, puesto que todo corrió por cuenta del ex Héroes del Silencio.
El show
Con la instrumental 'El Mar, el cielo y tú' se abrían las puertas del bar de este músico que 'se graduó' con las melodías de aquellos viejos bares. El disco 'Licenciado cantinas' sonó, y mucho más extraordinario, con el coro de los más de 10 mil asistentes. Luego de interpretar 'Llévame', Bunbury saludó a los ecuatorianos y les prometió un repertorio con "las canciones más cantineras y las más melancólicas".
De pronto, de las páginas del diario de un borracho sonó 'El solitario' -y para recordar viejos tiempos- la armónica 'La señorita hermafrodita'.
Con un pedestal de calaveras y el tradicional sombrero, el cantante siguió con 'El extranjero' y 'Ódiame', sencillo que abrió la ronda de este 'Licenciado cantinas'. 'Los habitantes', 'El anzuelo', 'No me llames cariño', 'Ánimas, que no amanezca' hacían que los asistentes pidan otro trago de la endulzante voz del español.
Al cerrar el show
El repertorio continuó con 'Sólo si me perdonas', 'Sácame de aquí', 'Que tengas suertecita', 'El día de mi suerte', entre otras, que cerraron la presentación del cantante en suelo tricolor. Ya en su despedida, se notó que el merito de Bunbury fue hacer mover las caderas de los más pesados roqueros.
Fuente: La Hora (Ecuador)
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