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14 junio 2011

LOS MEJORES MÚSICOS ESPAÑOLES SOBRE EL ESCENARIO

Los usuarios de Facebook y Twitter de 'Rolling Stone' han elegido a los diez grupos o solistas nacionales que más deslumbran sobre las tablas. Arrasa Enrique Bunbury.

Esta es la lista de los diez músicos españoles que con más talento devoran el escenario. La han confeccionado los lectores de ROLLING STONE con sus votos a través de Facebook y Twitter. Este es el resultado:

1. Enrique Bunbury. Gana la consulta con bastante diferencia. Aquí le vemos, con sus ademanes elegantes de estrella del rock, interpreta Sí:



2. M Clan. Sin duda, la personalidad y la para muchos mejor garganta del rock español de Carlos Tarque, ha contribuido a que el grupo murciano escale hasta el segundo puesto.

3. Love of Lesbian. Probablemte, hace tres años Love of Lesbian no aparecerían en esta lista. No porque no se lo merecieran, sino porque su nivel de popularidad no era tan alto como lo es ahora.

4. Loquillo. El más veterano de la lista. A sus 50 años, Loquillo sigue llenando el escenario con su contundente presencia. Y sin dar volteretas: elegancia y porte le sobran.

5. Vetusta Morla. Al igual que Love of Lesbian, nadie los tendría en cuenta entre los grandes hace tan sólo unas temporadas. Pero ahora que acaban de editar su segundo disco, Mapas, nadie les puede negar un lugar entre los que más convencen cuando se ponen delante del público. También ayuda, claro, tener a un público tan militante.

6. Pereza. Ahora andan de vacaciones (sólo con pequeñas incursiones para desentumecer los músculos, como hicieron hace poco en Siroco o ¡Londres!), pero Rubén y Leiva volverán pronto. Su directo, más sosegado y concentrado con el paso de los años, sigue siendo de los mejores.

7. Quique González. Siempre a su bola, Quique González lo ha probado todo en directo: formato eléctrico con banda, en plan acústico él solo, con chica (a veces hasta su novia), a dúo con chico... Es un caso extraño: un tímido que se envalentona en las distancias cortas.

8. Fito & Fitipaldis. Sin Carlos Raya (su guitarrista, productor y jefe de los Fitipaldis), Fito no estaría tan cómodo en esta lista. Es el que más pabellones llena y, eso, a la larga, curte mucho.

9. Lori Meyers. Los más jóvenes de la lista. Cada noche de concierto el sexteto construye un directo más atractivo. Igual influye su costumbre de salir al escenario trajeados.

10. Standstill. Seguramente la sorpresa de esta lista. Pero si has visto las presentaciones en directo de su disco Adelante Bonaparte, verás justificado que se cuelen entres los diez mejores.

Fuente: RollingStone.es

11 junio 2011

HDS EN CHESTE, VALENCIA (TOUR 2007)

Tesoro revive el último show en directo de Héroes del Silencio, que fue realizado en Cheste, Valencia, el 27 de octubre de 2007.

TRACKLIST

1 - El estanque
2 - Deshacer el mundo
3 - Mar adentro
4 - La carta
5 - Agosto
6 - Sirena varada
7 - Opio + Presentación de la banda
8 - La herida
9 - Despertar
10 - Apuesta por el rock and roll
11 - Héroe de leyenda
12 - Con nombre de guerra
13 - No mas lagrimas
14 - Nuestros nombres
15 - El mar no cesa
16 - Entre dos tierras
17 - Maldito duende
18 - Iberia sumergida
19 - Avalancha
20 - Bendecida
21 - Tumbas de sal
22 - Oración
23 - Tesoro
24 - Fuente esperanza
25 - La chispa adecuada
26 - Malas intenciones
27 - En brazos de la fiebre



BUNBURY: EL ARTISTA, EL APRENDIZ, EL CURIOSO

Javier Alvero le dedica un documental al cantante: ‘Porque las cosas cambian’, que analiza su trayectoria desde Héroes del Silencio hasta su último álbum, Las consecuencias.

Enrique Bunbury (Zaragoza, 1967) tomó su apellido musical, que se ha convertido ya en Bunbury a secas, de una joven amiga norteamericana. Ya desde pequeño, Enrique era especial: «Nunca me gustó el fútbol», dice, y con ocho o nueve años escribía canciones para cantar el colegio. En los 80, tras haber sido expulsado de varios centros escolares, tuvo infinidad de bandas: siempre fue un aprendiz, un incomodado, alguien que está una y otra dispuesto a empezar de cero, a cargar las maletas y el corazón con sonidos, con ritmos, con poemas, con sensaciones, con amigos.

Javier Alvero es el autor de un documental sobre el músico: ‘Bunbury. Porque las cosas cambian’. De vez en cuando, casi como un elemento que le da unidad al conjunto, Bunbury le habla a la cámara y da pequeños apuntes de sí mismo, apuntes, recuerdos, anécdotas o reflexiones que apuntalan su autobiografía. Dice, por ejemplo, en su primera aparición: «Todos los discos acaban hablando de las cosas que realmente te tocan». Y, ya inmerso en ese viaje en el tiempo que es el documental, en ese viaje hacia el futuro, evoca sus inicios y asegura: «Yo fui un niño prodigio sin tener ningún tipo de prodigio». Paso a paso, sin acritud alguna, con la presencia amable y lúcida de Pedro Andreu y Joaquín Cardiel, se reconstruye la historia de ese fenómeno llamado Héroes del Silencio, ese grupo que desplegó un sonido espectacular, como se volverá a ver y a oír con motivo de la gira de reencuentro de 2007.

A lo largo del documental, músicos, compañeros de viaje, técnicos de producción y sonido, amigos cercanos y distintos colaboradores nos acercan el personaje, mientras suenan las canciones, vemos las giras y una evocadora iconografía. Calamaro dice que «Bunbury escucha con los ojos abiertos», y Phil Manzanera, de los primeros deslumbrados por la fuerza avasalladora de Héroes, dice que Burbury «es como una fuerza de la naturaleza y sigue siéndolo».
El artista
Se realiza un recorrido por los discos y las giras del grupo, con la ayuda del fino análisis de Pito, el mánager que los catapultó desde Madrid, se habla de ‘El mar que no cesa’, ‘El espíritu del vino’, de ‘Senderos de traición’ y de ‘Avalancha’, y es el propio Bunbury quien resume ese período así: «La música nos unió y la música nos separó. Era lo que teníamos en común».

A partir de ahí, Bunbury empezará a hacer algo que, en realidad, luego hará sistemáticamente en cada disco: se reinventa. Ariel Rot indica su espíritu de solista: dice que posee mucha personalidad y que siempre le ha gustado ir por libre. Y a la par, testimonio a testimonio, vamos viendo el complejo perfil del músico: posee una inmensa capacidad de trabajo, es muy receptivo y curioso, es un buscador de estilos diferentes y siempre está abierto a la experimentación y a la colaboración. Cada disco es la aventura de un viajero y de un explorador de los sonidos al que le gusta la playa en invierno, cocinar arroces e indagar en un sinfín de músicas: la música árabe o balcánica, la música italiana y francesa, el eco de Aerosmith o Gun and Roses, pero también se interesa por la música popular latinoamericana y la antropología; cuenta Lila Downs cómo Bunbury no hacía más que preguntarle cosas y cosas a su madre con auténtico embeleso.

Esa atracción por lo nuevo ya se ve en ‘Radical sonora’, que opta por la música electrónica e intenta escaparse de Bowie y U2, que también flirteaban con esa estética. Y se seguirá viendo, con otros matices, en sus nuevos discos: ‘Pequeño’, -«un disco que se salvó por América» y por el cual debía responder a la cuestión: ¿dónde está Bunbury, el cantante eléctrico?-, ‘Flamingo’s’, de exquisita factura, donde rinde homenaje a su pasión por el boxeo como metáfora de la vida y a Perico Fernández, ‘El viaje a ninguna parte’, ‘Freak Show’. Y luego vendrían otras experiencias, no siempre fáciles ni lineales, y nuevos discos como el que hizo con Nacho Vegas, ‘El tiempo de las cerezas’, la gira con Héroes de 2007, nuevos álbumes como ‘Helville de luxe’ y ‘Las consecuencias’.

Dice Bunbury que se ha pasado horas y horas a la búsqueda de diferentes formas de sonar y confiesa que «tengo una pasión por el sonido. Mis discos dicen mucho de mí por cómo suenan». Loquillo recuerda que un artista debe crearse un personaje y trabajarlo y consolidarlo. Y eso es lo que ha hecho Bunbury, disco a disco, que sale muy bien parado de este «carrusel emocional» que le dedica Javier Alvero. Y sale bien parado porque es un investigador, un explorador, un seguidor de Errol Flynn, un enamorado del trabajo de los otros (y los otros son sus colaboradores, Copi o Ramón Gacías, por ejemplo, pero también son las músicas del mundo y los intérpretes anónimos), alguien dice que «las maquetas y los discos ajenos son su gasolina», y es un artista que sube a cantar y tiemblan las tablas, sucede algo que no sucede todos los días, como señalan Quique González y Loquillo.

‘Bunbury. Porque las cosas cambian’ es, con su talento, con su voz y con sus melodías, Bunbury en estado puro. Bunbury entre amigos. Bunbury en el camino: como el zaragozano errante e incansable.

Fuente: Heraldodesoria.es

10 junio 2011

LICENCIADO CANTINAS

El español está grabando un nuevo disco dividido en cuatro partes que se llamará Licenciado Cantinas.

Nos hemos enterado gracias a un vídeo que el propio Bunbury ha colgado en su Facebook, que en este momento se encuentra grabando su séptimo disco de estudio cuyo titulo será Licenciado Cantinas.

Nos adelanta que se trata de un disco conceptual, narrativo y cinematográfico, dividido en cuatro partes y que en las próximas semanas tendrán algunos invitados en el estudio de grabación, aunque de momento no ha revelado sus nombres.

La grabación se está realizando en Texas, junto a su banda habitual, Los Santos Inocentes y se espera que el disco se ponga a la venta las próximas navidades.

La verdad que no me esperaba disco nuevo tan pronto, teniendo en cuenta que Las Consecuencias lo sacó el año pasado y este mismo año ha lanzado su directo, Gran Rex, grabado en Buenos Aires.

Creo recordar que con su anterior disco comentó que cerraba una trilogía que formaban El tiempo de las cerezas, Hellville de Luxe y Las Consecuencias y que a partir de él exploraría en nuevos caminos sonoros.

Ese momento ha llegado, a ver con que nos sorprende esta vez.

Yo, personalmente, considero que Las Consecuencias es lo mejor que el de Zaragoza ha editado hasta ahora, en toda su etapa en solitario.

Fuente: Labandaelastica.com

03 junio 2011

ESCUCHÁ ONLINE EL ÚLTIMO DIRECTO DEL TOUR LAS CONSECUENCIAS


TODO LO SÓLIDO SE VIENE ABAJO

El 6 de abril de 2007, el español Nacho Vegas tocó en Buenos Aires y se fue contento: por alguna razón para él inexplicable había entre el público gente que conocía las canciones. No eran tantos, pero poco puede ser suficiente para un cantautor que de la soledad hizo un culto. El concierto proponía intimidad desde el formato (sólo él y su amigo Xel Pereda, una guitarra cada uno) pero venía planteado como actividad especial del Bafici de aquel año, es decir, casi una excusa para que los acreditados al evento se juntaran a debatir sobre qué habían visto en el cine ese día y qué pensaban ver al día siguiente. Era Nacho Vegas tirado a la arena de las relaciones públicas, bien lejos de su hábitat natural, y de alguna manera se las arregló para que no se transformara en una oportunidad perdida. Algunos le dicen “presencia”. ¿Pero qué hacía este músico español prácticamente desconocido ocupando una plaza de invitado del Bafici? Acompañaba el estreno de El fulgor, documental de Ramón Lluís Blande que lo tenía como protagonista y lo exponía durante el proceso de composición y grabación del tema que da nombre a la película. Una parte importante del público la odió. Se supone que los documentales musicales están hechos para confirmarnos lo que ya sabemos, que nuestras bandas favoritas son buenísimas y que más gente debería escucharlas. Blande hace exactamente lo contrario: muestra un Nacho Vegas inseguro, obsesivo y un poco neurótico que termina asfixiando al espectador. Por más que él reniegue del mote, cuesta pensar en una situación que refleje mejor la idea de “artista maldito” que su aparición en El fulgor . De eso se trató en el comienzo, hace ya diez años, cuando separó a su banda Manta Ray y se decidió a tomar las riendas de una carrera solista luego de escuchar Blonde on Blonde de Bob Dylan. Entre 2001 y 2005 editó Actos inexplicables, el doble Cajas de música difícil de parar y Desparezca aquí, además de un EP que servía como complemento de cada uno de esos álbumes algunos meses después de su lanzamiento. La comparación con Andrés Calamaro durante esa época es ineludible –ambos cantautores prolíficos, endemoniados, fans de Dylan, con el corazón roto y triunfando en España–, pero mientras el Salmón apuesta por la síntesis y la metáfora en canciones más bien simples, Vegas profundiza en la sonoridad y la instrumentación, llegando a hacer temas de siete y ocho minutos, con letras kilométricas que gracias a su lucidez funcionan como manifiestos. Una propuesta tan densa no suele ser fácil de asimilar por el gran público, pero luego del reconocimiento ganado por esa triología notable, el gijonés tiene sus quince minutos de fama y coquetea con el mainstream de su país por partida doble. Primero viene El tiempo de las cerezas (2006) un disco a dúo con Enrique Bunbury, y luego Verano fatal (2007), otra colaboración, esta vez junto a Christina Rosenvinge, con quien en ese entonces formaban una de las parejas más comentadas por la “prensa rosa” española. Inesperado destino para Nacho Vegas el de terminar retratado en esas páginas. Lo cierto es que ambos discos, irregulares, desparejos, están por debajo de sus trabajos en solitario, al igual que El manifiesto desastre su álbum de 2008, que parece repetir viejos trucos sin lograr los resultados del pasado. Pero, afortunadamente, ese no es el final de la historia. Hoy, con apenas unos meses de retraso, se edita en nuestro país La zona sucia, su mejor disco en un lustro, de tratamiento acústico, canciones cortas y un optimismo inesperado pero muy saludable. “Yo sigo hablando de lo mismo que hablo siempre, que es ese sentimiento que uno tiene cuando algo muy sólido se viene abajo. Pero esta vez me quise concentrar en el momento de la reconstrucción”, dice Nacho Vegas, que por primera vez en mucho tiempo deja pasar una luz de esperanza. Ya era hora.

-¿Es este su mejor disco desde “Desaparezca aquí”?
-Puede ser, aunque es difícil para mí valorarlos de esa manera, en comparación unos con otros. Yo obviamente siento que cada disco es el que tenía que hacer y el que podía hacer en ese momento. El manifiesto...fue algo caótico, y en algunos momentos sí lo siento un poco torpe, aunque tiene cosas que me gustan mucho y sigo tocando. Y los discos en colaboración, por su propia naturaleza, son siempre más raros, cuesta verlos como una obra donde todas las canciones se interconectan. Para La zona sucia estaba pensando mucho en eso, en que fluyeran las canciones cuando uno las escuchara juntas. Y estoy más a gusto que con los anteriores, sí, es cierto.

-Es un álbum más corto y más despojado. ¿Había una intención consciente de que así fuera?
-Sí, estaba tratando de podar un poco las canciones para llegar a su esencia. No quería ni me salía hacer temas demasiado retorcidos. De todos modos, durante la grabación registramos dieciséis y dejamos diez únicamente por una cuestión de formato: en España pudimos editar en vinilo al mismo tiempo que en cd y, si uno no quiere que en el vinilo se resienta el sonido, hay que tratar de no meter más de veintidós minutos por lado. Por eso tiene una duración más estándar. Pero canciones hay, así que probablemente el EP que venga después de este disco sea un poco más largo de lo habitual.

-Es casi anacrónico eso de adaptarse a un formato en la época virtual…
-Bueno, hace años que hay teorías apocalípticas sobre el soporte, pero con la crisis del cd al menos se reforzó un poco el mercado del vinilo. En los 90 ya nadie los fabricaba, apenas algunos sellos especializados, pero ahora los compradores que quedan son gente que busca algo muy concreto, así que volvimos a esa época. Igual obviamente también lo editamos en cd, que es un formato para mí muy cómodo, que te permite escuchar música en el auto. Además es muy barato de fabricar, el problema es que las compañías inflaron mucho el precio y terminaron perjudicando sus ventas.

-¿Por qué cree que ya no le salían temas retorcidos?
-Intuyo que porque en El manifiesto...hubo canciones que me costó mucho terminar y sentí la necesidad de no ser críptico con las letras. De todos modos, no funcionó: algunos temas de este disco son de los que más me costaron terminar en toda mi vida. Como siempre, cuando entré a grabar, la situación era un tanto caótica. Suelo llegar con las canciones terminadas, pero desordenadas en mi cabeza, y trato de usar el estudio para poner todo en perspectiva y entender qué es lo que tienen en común y porque deberían pertenecer a un mismo disco y un mismo tiempo.

-A pesar de ser más despojado, es un disco con mucha presencia de su banda…
-Sí, y en realidad son los mismos músicos que grabaron en el anterior, pero en aquel momento recién nos estábamos juntando, y ahora ya llevamos bastante tiempo tocando juntos. Particularmente se nota en el trabajo de Abraham Boba, que se involucró mucho. Están muy presentes sus teclados, acordeón, piano, órganos...

-Siempre manifestó que no le gusta su voz. Sin embargo está más al frente que nunca. ¿Logró superar ese complejo?
-Con cada disco que pasa me va disgustando un poco menos, pero es una batalla diaria. Todos tenemos una voz única, que es solamente nuestra, e incluso los que tenemos un registro muy limitado podemos bucear hasta encontrar mil maneras diferente de interpretar, tanto en los discos como en los conciertos.

-¿Cómo fue el proceso de composición?
-Por lo general, una vez que termino la canción, lo que viene después es un trabajo de colaboración. Se la muestro a la banda, la tocamos juntos y cada uno hace su aporte. Eventualmente, en mi cabeza suenan algunos arreglos y puedo intentar darles algunas directrices sobre por dónde tendrían que ir, pero son músicos que respeto y admiro mucho, entonces confío en lo que hacen. Siempre tratamos de que la canción sea la que conduzca, que esté por encima de todo.

-¿Y la grabación?
-A mí me gusta dejar espacio para que en el estudio sucedan cosas. Obviamente ensayamos antes, pero prefiero no ir con todo cerrado y estudiado al detalle. De esa manera creo que el resultado siempre es más orgánico, tiene más vida. No sé si tiene mucho sentido llegar y ejecutar algo que uno sabe de memoria. En este caso grabamos todos en vivo, al mismo tiempo, y luego fuimos agregando algunos arreglos.

-En este disco debe haber sido importante también saber cuándo quitar un arreglo…
-¡Ese es el trabajo más difícil! Yo soy de la idea de que siempre sobran cosas en los discos y de que saber quitar es más difícil que saber agregar. Porque uno puede grabarle encima todo lo que quiera, pero que quizás destroza la canción. Durante la gestación de mi primer disco, teníamos el tema “Camino”, al que le grabamos dos baterías, cuerdas, bajo, contrabajo, y a la hora de mezclar no se me hacía para nada claro cómo iba a quedar. Hicimos varias mezclas, y no me gustaba nada. Hasta que empezamos a quitar cosas, y terminó siendo únicamente un tema de guitarra y voz. El productor me decía “no sirvió para nada todo lo que grabamos” y en realidad sí que sirvió. Sirvió para darnos cuenta de que teníamos que quitarlo.

Fuente: Revista Ñ

02 junio 2011

BUNBURY ENTRE LOS CANTANTES INSPIRADOS POR LEONARD COHEN

Su voz es oscura e inimitable, pero muchos son los que se han atrevido a cantar a Leonard Cohen en español; nombres como los de Ana Belén, Enrique Morente, Santiago Auserón o Luis Eduardo Aute forman parte de ese grupo de cantantes que han querido llevar a su propio terreno los poemas del canadiense.

Federico García Lorca, fuente de inspiración del ganador hoy del Premio Príncipe de Asturias de las Letras de 2011, ha sido en realidad el artífice de que cantantes españoles como Ana Belén grabara para su disco "Lorquiana" (1998) la canción "Pequeño Vals Vienés", basada en "Take this Waltz", tema que compuso Cohen para rendir homenaje a su poeta favorito.

Enrique Morente junto al grupo granadino Lagartija Nick revolucionó el mundo del flamenco en 1996 con el disco "Omega", en el que unía textos de Lorca y Cohen, y daba paso al denominado nuevo flamenco. La mayoría de las letras procedían del libro "Poeta en Nueva York".

Joaquín Sabina, otro de los grandes admiradores del Premio Príncipe de Asturias, puso letra a una melodía de Cohen para el álbum "Alivio de Luto", con el tema "Pie de guerra".

Enrique Bunbury, que siempre habla del compositor canadiense como de su "comandante Cohen", versionó temas suyos como "Who by fire", y el ex Héroes del Silencio le homenajeó, junto con Andrés Calamaro, Loquillo y Jaime Urruitia, cantando "El hombre de negro", de Johnny Cash.

"Acordes con Leonard Cohen" (2007) es el título del disco grabado durante el Festival de Porta Ferrada en Sant Cugat del Vallès (Barcelona) y en el que Luis Eduardo Aute, Santiago Auserón, Perla Batalla, Constantino Romero, Elliott Murphy, Duquende, Jackson Browne o Jabier Muguruza, entre otros, interpretaron sus poemas, adaptados al castellano por el poeta Alberto Manzano.

Ya en inglés, su larga sombra musical y poética se ha visto reflejada en trabajos como "Tower of song" (1995), un disco en el que Billy Joel, Sting, Elton John, Willie Nelson y Bono grabaron sus canciones.

Otros como la cantautora canadiense K.D.Lang hizo un recorrido por la historia musical de su país en "Hymns of the 49th parallel" y, por supuesto, incluía "Bird of the wire" y "Hallelujah", de Cohen.

"Hallelujah" ha sido un tema recurrente a la hora de versionar a Cohen y lo han cantado Rufus Wainwright, Allison Crowe y Bon Jovi, y otro de sus éxitos como es "Suzanne" lo han interpretado Joan Baez y Nina Simon, entre otros.

FUENTE: Terra.com.mx

01 junio 2011

HOMENAJE A BOB DYLAN

Nacho Vegas y Christina Rosenvinge han pasado por el programa 'Hoy por Hoy' para presentar las canciones que preparan para el tributo a Dylan.

NACHO VEGAS HABLA DE LA ZONA SUCIA

Oscuro, lírico, rockero y siempre inspirado, estudioso del folklore asturiano y una voz única dentro del rock español (y probablemente entre los cantautores hispanohablantes), Nacho Vegas saca un disco nuevo. Y es el primero de una nueva etapa: el primero con el sello que él mismo creó para que los músicos se autoproduzcan, el primero que sus fans más acérrimos encuentran más luminoso, y el primero en el que canta con niños.

Hace cuatro años, Nacho Vegas editó un disco terrible, El manifiesto desastre. Un disco que documentaba un descenso infernal: comenzaba con una canción sensual y hasta juguetona como “Dry Martini S.A.” y se iba oscureciendo hasta “Morir o matar”, tan desesperada que era capaz de producir un malestar físico de tan suicida y autorreferencial. “Me cuesta percibirlas como canciones tan duras”, dice en un descanso de su gira desde Gijón, su ciudad natal en Asturias. “Por supuesto la primera persona en las canciones siempre acaba siendo un personaje, no tengo intención de promocionar mis miserias. Pero es cierto que las canciones nuevas son menos retorcidas, admitido.”

Las canciones nuevas llegan con La zona sucia, el nuevo disco que la semana que viene se edita en Buenos Aires y que posiblemente traerá a Vegas para un show en septiembre, aunque la fecha aún está en veremos. La “zona sucia” es un término del automovilismo, que a Vegas le encanta –parece un poco harto del fútbol ibérico con su aburrido dúo Barcelona-Real Madrid–. “Es la parte de la pista por la que los coches no siguen la trazada, y por eso tiene restos de goma y otras impurezas que disminuyen la velocidad. Y es una frase bonita.” Nacho Vegas, en efecto, disminuyó la velocidad: entre 2008 y 2011 sólo editó un EP, El género bobo, producción exigua si se la compara con la hiperactividad anterior: un disco doble con Enrique Bunbury, El tiempo de las cerezas (2006), otro disco con Christina Rosenvinge (Verano fatal, 2007) y otro excelente con Xel Pereda y bajo el nombre de Lucas 15 (2008) en que rescataba y actualizaba en sonido rockero canciones del folklore asturiano. ¿Qué ocurrió en esos años de zona sucia? Una reestructuración de su forma de producción y una limpieza general de su sonido y de su forma de componer. En primer lugar, dejó su sello discográfico de toda la vida, Limbostarr, para fundar Marxophone, más que un sello una plataforma de edición para sus propios discos y los de otros artistas. “Es un paso bastante natural por como están las cosas en el ambiente musical”, explica. “Pasé 10 años en Limbostarr en los que trabajé muy a gusto. Lo que pasa es que tal y como ha ido la industria, los sellos no tienen sentido como tales, se han ido reconvirtiendo en oficinas de contratación. Necesitábamos un descanso en nuestra relación y la manera de hacerlo fue tomar más riesgos y más responsabilidades creando una plataforma en la que los artistas que publican se autoproducen el disco. La libertad y el poder de decisión vuelve estar del lado de los músicos y de los sellos que trabajan con pasión.”

La crisis de la industria discográfica termina siendo beneficiosa para la música...

–En el mundo de la música hay una crisis anterior a la actual crisis financiera, y es muy beneficiosa para la música. Se pinchó la burbuja de la venta de cds, de las grandes compañías y sus negocios, de las promociones. Lo que ocurre ahora es que no hay tantos artistas millonarios, pero sí artistas que tienen muchas más posibilidades de difundir su música. Creo que vivimos un buen momento. Desde luego económicamente es una época espantosa, los mercados y la banca son los que mandan, son los causantes de una crisis y ellos no la están pagando. La diferencia es que las grandes compañías, con su manera de imponer el cd y de vender a los artistas como si fueran sanitarios, han causado su propia crisis pero en este caso ellos son los que se están viniendo abajo. Y eso es una buena noticia.

Nada en contra de la piratería, entonces.

–No. La piratería es una consecuencia de la manera de hacer las cosas de la industria. Yo personalmente no tengo nada en contra de que la gente se baje la música, me parece libre y de hecho nuestros discos en Marxophone tienen la licencia de Creative Commons para que cualquiera lo haga sin ningún problema. Se siguen vendiendo discos de todos modos, de hecho yo sigo comprándolos, en parte porque la calidad de los archivos de audio suele ser mala. Imagino que esto cambiará con el tiempo. De todos modos, a la música no necesitas oírla perfectamente para disfrutarla.

Resulta extraño hablar con Nacho Vegas de bajar música de internet, de sellos, de políticas de la industria discográfica. Este es el hombre que cantó sobre el suicidio de su padre en “El ángel Simón” de Actos inexplicables, su primer disco solista de 2001; que en “El sacaúntos de Allariz” de Lucas 15 narraba con saña las andanzas de un asesino caníbal en la España rural de principios de siglo; o que en “El tercer día” de El manifiesto desastre describía los primeros días de una rehabilitación con influencias de Nick Cave. De hecho, muchos fans están disgustados por la luminosidad lírica y musical de La zona sucia. No es que afecte a Vegas: el disco debutó en el tercer puesto de ventas (poco más de diez mil ejemplares, pero en España, hoy, eso es mucho) y su gira agota entradas con semanas de anticipación. Él cuenta que en efecto recibió reclamos de fans: “Me he encontrado con gente que parecía decepcionada por el tono de estas canciones. La sordidez vende para algún tipo de gente, gusta. El malditismo es obviamente atractivo. Pero yo creo que incluso las canciones más duras y desagradables son canciones que intentan combatir esas sensaciones abismales, esos estados de ánimo. Todas las canciones son exorcismos. Las de La zona sucia son más abiertas que en otros discos pero creo que como las anteriores nacen de sentimientos duros para combatirlos, no para quedarse en ellos. La tristeza no tiene nada de bonito”.

Bueno, más o menos. Las canciones de La zona sucia son muy tristes y muy bonitas; acústicas, sencillas, con apenas algún estallido eléctrico. “Taberneros”, por ejemplo, basada en una melodía tradicional asturiana, dice: “Yo creí que nuestro amor era infinito como la arena/ Ahora sé que lo único inagotable es esta insoportable pena”. Y entonces, en el estribillo, ingresa un coro de niños. Es el primero pero no el último del disco (grabó con niños de la Academia Musical Rigodón y con niñas de El Puerto de Santa María.) ¿Por qué incluir esas voces angelicales e inquietantes? “Los coros de niños tienen un dejo siniestro cuando se combinan con voces adultas; aparece una especie de paradoja, de conflicto, de contraste. Ellos aportan un grado de pureza que está relacionado con el cancionero popular. La infancia en la cultura y la literatura popular siempre aparece con un aura macabra y yo quería ese contraste emocional.” Otras canciones visitan terrenos más habituales: el terror al abandono en la valseada “Cuando te canses de mí”, el inevitable fracaso (“es la semana grande, la crueldad y nuestro honor celebran una fiesta”) en la etérea “La gran broma final”, el pesimismo con piano y folk en “Reloj sin manecillas” (que cita a una de sus heroínas, Carson McCullers) o la oscura “El mercado de Sonora” con guitarras chirriantes y brujería, que cierra el disco. Pero Vegas parece estar particularmente contento con “Lo que comen las brujas”, probablemente el mejor tema del disco, que reúne mejor que cualquier otra sus intenciones actuales: las voces siniestras de los niños, la lírica distanciada del desgarro autobiográfico, las melodías tradicionales, la cuentos tradicionales: “La niña pregunta/ ¿Mamá, qué es lo que comen las brujas?/ Ella le responderá, seria pero con dulzura/ Leche, galletas y a ti/ Leche, galletas y a ti corazón mío, a ti/ Y anoche vi que una hambrienta se aproxima aquí/ Creo que viene por ti”.

La zona sucia y la conversación de Nacho Vegas están atravesadas por una idea que lo abarca todo: la del rock y la canción de autor como parte de la música popular. Por eso la licencia de Creative Commons, que de alguna manera borronea al autor, tal como las canciones folklóricas no le pertenecen a nadie; por eso los niños en los estribillos que exigen cantar a viva voz en un concierto; por eso la investigación permanente del folklore asturiano. “Si el folk inglés y norteamericano es central en sus culturas rock, ¿por qué no echar mano del nuestro?”, se pregunta. “Hay algo muy honesto y puro allí, en esas canciones del pueblo, que nacen de dentro, que la gente canta. Elimina cualquier tipo de ego y concepto de autoría. Se hacían porque la gente está de duelo, o de fiesta, porque había nacido un niño, por una tragedia amorosa. Hay algo auténtico y todos los que hacemos canciones buscamos ese grado de pureza.”

Fuente: Página12

30 mayo 2011

EL DOCUMENTAL DE BUNBURY EN ROLLING STONE

La revista Rolling Stone entregará con su número del mes de Junio el documental de Enrique Bunbury ‘Porque las cosas cambian’, un repaso a los 25 años en activo del músico aragonés.



Enrique, que recientemente ha comentado estar totalmente reconciliado con su pasado, afirma que este documental gira precisamente alrededor de ese hecho, y todo lo que conlleva. Se trata de un dvd documental dirigido por Javier Alvero que retrata, a lo largo de 1 hora y 40 minutos, todo el proceso artístico de Bunbury: desde su primera etapa en Héroes del Silencio hasta sus últimos y recientes días, incluyendo su nueva vida en Los Ángeles y su experiencia como padre. El dvd cuenta con la participación del propio Enrique y los músicos y amigos que le han acompañado en todos estos años, entre los que cabe destacar Loquillo, Ariel Rot, Pito (mánager de Héroes del Silencio de 1987 a 1995), Jaime Urrutia, Andrés Calamaro o Julio de la Rosa, entre muchos otros.



‘Porque las cosas cambian’, el dvd documental sobre Enrique Bunbury, gratis y en exclusiva junto al número de junio de Rolling Stone, disponible a partir del día 26 de mayo en los quioscos.