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20 junio 2011

BUNBURY EN ESPARRAGO ROCK 2002


SEGUNDA INCURSIÓN DE BUNBURY EN LA PRODUCCION DEL CINE ESPAÑOL

Mateo Gil, uno de los talentos del cine español, deslumbra con una historia contemporánea en la que saca de la tumba al mítico forajido butch Cassidy. La confirmación de que alguien no dispuesto a tirar la toalla termina saliéndose con la suya.

La primera vez que Alejandro Amenábar reparó en Mateo Gil pensó que aquel compañero suyo de clase se estaba equivocando. Gil, un canario de ojos claros llegado a Madrid con el propósito de estudiar cine, discutía con una profesora de la Facultad de Ciencias de la Información. Intentaba convencerla de que no estaba explicando bien la lección. "¿Quién sería ese idiota que buscaba desesperadamente un suspenso?". Al término de la clase, Amenábar se acercó al kamikaze académico:
"Le dije que no fuera tan pesado, que no merecía la pena". Aquel fue el principio no solo de una gran amistad, sino de una de las parejas creativas más sólidas y fructíferas del cine español reciente. Juntos han firmado, además de varios cortometrajes, los guiones de Abre los ojos, Mar adentro y Ágora. Tesis, la película que convirtió con 23 años a Amenábar en un talento precoz -y de la que Gil fue ayudante de dirección-, bebía del mundo de estudiantes de ambos. "Éramos los dos freaks de clase", recuerda Amenábar.

Amenábar lo reconoce, Mateo Gil era más maduro que el resto, más inteligente y más noble. Aunque nada de eso evitó que aquella profesora le suspendiera. "Nunca supo venderse bien, no es muy pícaro", justifica su viejo amigo. Quizá eso explique por qué Mateo Gil, pese a una carrera de éxitos, destile un fondo de íntimo fracaso. A sus 38 años ha ganado cuatro goyas, pero nadie le ha visto aún rondar una gala de los Premios de la Academia. Él se jacta de haberse librado siempre en lo posible de pisar una alfombra roja. No recogió ni el Goya como director del cortometraje Dime que yo ni los tres como guionista que logró por Ágora, Mar adentro o El método, esta última dirigida por Marcelo Piñeyro.

Su segundo largometraje como director, Blackthorn, un western rodado en inglés con Sam Shepard y Eduardo Noriega a la cabeza del reparto, puede significar la consolidación definitiva de un hombre que hasta ahora parecía sentir alergia al triunfo. O, mejor dicho, a creerse los triunfos. "Tengo los cajones de mi casa llenos de proyectos fallidos", dice justificando una innata tendencia a verlo negro, a no querer formar parte de un mundo en el que no acababa de encontrar su sitio. "Yo llevo mucho tiempo aquí, pero de alguna manera es como si aún no hubiera llegado. Aunque quizá ya llegué a un sitio y ahora solo toca jubilarse. No lo sé. A mí me gustaría hacer películas como se hacían hace diez años, pero eso ya es imposible, así que no dejo de pensar por dónde puedo tirar. En pocos años, las cosas se han puesto muy difíciles para todos y solo sé que hoy ni siquiera podría volver a hacer una película como Blackthorn".

"Mateo duerme en una cama de ceniza", bromea Amenábar. "Nunca es su sitio, ni su momento, ni su lugar, y siempre tendría que dedicarse a otra cosa. Lleva años diciendo lo mismo. No le hacemos ni caso". "Llevamos mucho tiempo viéndole quejarse, pero sin dejar un solo día de trabajar", interviene Eduardo Noriega, otro de sus mejores amigos. "Mateo es una contradicción con patas. Tiene una mezcla perfecta entre ingenuidad y lucidez que le hace irresistible, y no solo hablo de su éxito con las mujeres. Él siempre ve el vaso medio vacío, pero lo cierto es que sin un poco de seguridad en uno mismo nadie se dedicaría a esto. Es verdad que le gustaría escribir y dirigir sin que nadie le conozca, pero eso no le hace detenerse. Es pesimista, es autocrítico, pero a la vez confía mucho en sí mismo. Un pesimista de verdad no avanza y él es perseverante y trabajador".

"No me gusta mucho el mundo de la farándula, me siento más cómodo en un entorno sencillo", añade Gil, sentado en una luminosa cafetería del barrio madrileño de Malasaña, donde vive. Cerca de allí, en otro bar de la plaza del Dos de Mayo, trabajó en los años noventa como camarero. Eran sus primeros pasos en Madrid como un estudiante desencantado con una universidad donde no encontraba lo que quería. Acabó vendiendo enciclopedias por las casas y repartiendo paquetes como mensajero.

Hijo mediano de una "curranta" y de un agricultor de Telde, Gil dejó Las Palmas al acabar el bachillerato. Empezó la carrera pensando que allí encontraría una respuesta a su vocación cinematográfica, pero a los dos años empezó a buscar trabajos complementarios, consciente de que con el decaimiento de su dedicación a los estudios se esfumaba la posibilidad de obtener becas para pagárselos. La repuesta a su vocación no la encontró en las clases, sino en un grupo de inadaptados: Carlos Montero, creador de la popular serie Física o química, Amenábar y, más tarde, dos actores entonces aficionados, Eduardo Noriega y Fele Martínez. Con ellos, desde el primer curso, empezó a rodar piezas de vídeo.

Eran plenos años noventa y estos niños criados en los ochenta se abrían paso cargados de energía, pero con los lastres propios de una generación que nunca entendió bien cuál era su papel como grupo. Sin representantes posibles, incluso una cámara de cine, dueña hasta entonces de todos los sueños, se podía convertir en sus manos en un arma de destrucción del ambiente que respiraban los pasillos de su odiada Facultad. En Himenóptero, el corto que encerraba el embrión de Tesis, Mateo Gil aparecía como director de fotografía.

"De los tres trabajos que tuve al llegar a Madrid, me quedo de lejos con el de camarero. Aquella fue una buena época para mí", asegura. "Nunca quise ser guionista, ¿quién querría serlo con lo poco que se cuidan en España? Solo un masoquista. Yo tuve la suerte de encontrar a Alejandro, con el que me entendía perfectamente. Y sé que hoy no estaría aquí si no fuera por él. Nos formamos juntos y luego, cuando tuvo éxito, me abrió muchas puertas. Pero lo cierto es que me convertí en escritor de cine por casualidad, porque mi vocación no era escribir. De hecho, era muy malo, pero aprendí los trucos y a adaptarme, aunque nunca he sabido si de verdad era lo mío", añade.

Lo cierto es que Mateo Gil se convirtió en el frontón de Amenábar y juntos llevaron lejos dos imaginaciones a priori opuestas. "Digamos que yo era más de cine de palomitas, y Mateo, de versión original. Gracias a él vi mucho cine que hasta entonces desconocía". "Verlos trabajar es un espectáculo. Sus conversaciones son eternas. Mateo aportó calidez a Amenábar. Domina muy bien la estructura del guion", asegura el productor habitual de Amenábar, Fernando Bovaira, que también estuvo detrás de Nadie conoce a nadie, la película con la que hace más de una década Gil debutó como director.

Entre su ópera prima y Blackthorn naufragó el proyecto más ambicioso y personal del cineasta: la adaptación al cine de una de las obras cumbres de la literatura, Pedro Páramo. Quienes le conocen dicen que Mateo Gil vivió un verdadero calvario al ver cómo se derrumbaba el proyecto de su vida. Aunque pudoroso a la hora de exhibir sentimientos, no niega que aquel fracaso marcó un antes y un después en su camino. "Solo puedo decir que fue un golpe tremendo. Es una película con la que estaba obsesionado desde los 18 años. Es difícil definir por qué era así; tenía que ver con una visión general de la vida con la que me identificaba. Una visión que tiene que ver con una melancolía muy profunda que está en Pedro Páramo y en el propio Rulfo. Escribí el guion en dos meses. Lo llevaba totalmente dentro. Ahora la tengo totalmente aparcada, pero si pienso que nunca la haré, me pongo a llorar". Asoma el hombre obstinado: "O la hago como quiero o no la hago. Solo tiene sentido la propuesta tal cual era. Una propuesta naturalista, una adaptación de la época fiel. No quería hacer una película con un ambiente onírico o místico".

Aunque todo el mundo habla maravillas de aquel guion, toda la coyuntura estuvo de espaldas a Mateo Gil y su historia. Se quedó solo. A lo mejor parte de aquel fracaso se deba también a su propensión a huir del conflicto. No le gustan los golpes en la mesa ni los gritos. "Sé que muchas personas de mi equipo en Blackthorn pensaban que era poco duro, y quizá tenían razón. Fue un rodaje muy complicado, pero a mí me cuesta explotar. Mi director de fotografía, Juan Ruiz de Anchía, trata siempre de usted a sus eléctricos y esas formas suyas me parecen un buen ejemplo. La buena educación siempre es buena".

Tras el fiasco de Pedro Páramo (en cuya preproducción trabajó durante meses en México) se oculta el germen del filme que ahora se estrena. De alguna manera, la sombra de aquella planea sobre esta, una película sobre la amistad, sobre la vejez, sobre el tiempo -"un tiempo que vivimos de manera muy dramática", dice su director- y sobre la muerte. Se curó de la herida primero dirigiendo el cortometraje Dime que yo (en el que afloraban otro tipo de fantasmas: los de la pareja) y sobre todo a través de un western inclasificable en el que saca de la tumba al mismísimo forajido Butch Cassidy y con el que de alguna manera confirma que es de esos que no tiran fácilmente la toalla, algo que encaja con una frase que el propio cineasta suelta sobre sí mismo: "No me creo nada, pero por alguna razón no puedo dejar de hacer las cosas". Así que ahora, cabalgando en la pantalla a lomos de la vida eterna de un hombre muerto, no cuesta imaginar a sus amigos decirle: "Anda, Mateo, te saliste con la tuya. Apuraste el vaso medio vacío".


Butch Cassidy cabalga de nuevo
Qué fue de Butch Cassidy en Bolivia? ¿Y si no murió junto a su amigo Sundance Kid en un enfrentamiento con el ejército en 1908? ¿Qué vida llevaría ese legendario forajido americano, minucioso planificador de sus atracos a bancos y grandes corporaciones? ¿Seguiría rechazando la violencia? ¿El buen humor continuaría siendo parte imprescindible de su carácter? ¿Era ya un hombre cansado? Pues para indagar en todo eso, lo mejor es ir al cine a ver la película Blackthorn. Sin destino, el segundo largometraje de Mateo Gil.

No se toparán solo con ese personaje real, toda una leyenda en Estados Unidos; también se encontrarán con un western en el sentido más clásico, una grata sorpresa en el panorama cinematográfico en España. Protagonizada por Sam Shepard, Eduardo Noriega y Stephen Rea, entre otros, Blackthorn. Sin destino, rodada en el altiplano boliviano con un presupuesto de alrededor de 3,5 millones de euros, se estrena el próximo 1 de julio.

La sorpresa empieza en el propio Mateo Gil. Nunca se imaginó el realizador de Nadie conoce a nadie dirigiendo un western, el género pionero en la historia del cine. Se recuerda el director de niño en la calle jugando con otros niños. Eran vaqueros que se peleaban y se golpeaban aparatosamente. Esa fue la primera aproximación al western real, porque al de las películas llegó en las sesiones de los sábados en televisión.

"Mi primera formación como cineasta estuvo en el western. Muchos directores hemos tenido siempre la fantasía de realizar uno. Yo he tenido la suerte de poder hacerlo". Fue una mezcla de circunstancias las que provocaron la llegada de Gil a esta película. Metido él en el proyecto de Pedro Páramo, movió incluso el guión escrito por su amigo Miguel Barros por diversas productoras, pero sin pensarse nunca como director. Cayó Pedro Páramo y el productor Andrés Santana -"cabezón donde los haya"- le propuso unir sus fuerzas para esta aventura que ha durado más de tres años.

"Una de las cosas que más me atraen del western es que, teniendo dosis de suspense, de acción, incluso de romanticismo, es un género muy político, que permite narrar conflictos morales en términos muy sencillos. Es perfecto para el drama, todos los temas que trata siguen vigentes, la propiedad, la preponderancia de la ambición frente a valores como la amistad y la libertad, qué líneas cruzar o no frente a la autoridad", asegura Gil.

Se ha atrevido con todo. Lo ha hecho de frente, con humildad y siendo consciente de que su objetivo era homenajear el género, con una mirada respetuosa y pequeña alejada del cine más espectáculo. Ha osado incluso poner rostro de nuevo a Butch Cassidy, después de que Paul Newman lo inmortalizara en 1969 en Dos hombres y un destino, dirigido por George Roy Hill.

Es verdad que lo ha hecho con el gran Sam Shepard, pero con todo y con ello... "Más que ponerle un nuevo rostro con Shepard, lo que más temía era hacer una película sobre Cassidy, toda una leyenda en Estados Unidos. Desde el principio me ayudó a mantener mi miedo algo acotado el hecho de pensar que el mercado natural de mi película era España y no Estados Unidos, aunque ahora se está vendiendo muy bien e incluso hay fecha de estreno para ese país. De esta manera me quitaba un poco la presión. Por otra parte, creo que el hecho de que Dos hombres y un destino pegara tan fuerte ha segado de alguna manera el personaje real y ha dejado en el tintero un montón de aspectos que a mí me parecen muy interesantes". Fue aquí donde apareció Mateo Gil y toda su panda. Para hacer un retrato de un tipo muy especial. Las características del personaje están basadas en la realidad, el resto es ficción. Y la realidad es que Cassidy era un ladrón de bancos con vocación, que nunca robaba a la gente, sino que lo hacía a las grandes compañías ferroviarias, financieras o mineras. Un tipo que planificaba los atracos para evitar la violencia. "Nunca he tenido que matar a nadie". Esta frase, atribuida al forajido, puede ser verdad o no, pero Mateo Gil asegura que Cassidy se imponía con autoridad al frente de bandas plagadas de asesinos y psicópatas. Pero detrás de los atracos de este héroe de leyenda no solo estaba el deseo de hacerse con el botín, también una lucha ideológica contra los grandes propietarios de la tierra y los potentados en un mundo de miseria.

El realizador afirma que para enfrentarse a este reto "revisé muchísimos westerns. Los vi, los disfruté, pero sin tomar ninguna nota, solo me dejé empapar. Hay un riesgo cuando te enfrentas a un género como este donde se han hecho tan buenísimas películas. Por encima de todo quería hacer un homenaje a ese género y esa época". No hubo siquiera un planteamiento teórico demasiado estricto. Fue en los primeros días del rodaje cuando surgió, entre todo el equipo, el estilo del filme, como esa utilización del zoom continuo o, ya en la posproducción, el cambio de la cinta a scope.

Ahí tenían el altiplano, a más de 3.500 metros sobre el nivel del mar. Fueron meses de reconocimiento para decidir si ese paisaje merecía la pena y si era viable el rodaje. La conclusión que sacaron fue que no era viable, pero sí imprescindible. "El altiplano es un paisaje diferente al que vemos en los westerns. Estamos tan acostumbrados a ver paisajes maravillosos en el cine que de alguna manera nos hemos inmunizado. Una manera de luchar contra ese adormilamiento es presentar a los espectadores un paisaje igual de potente, pero distinto. El altiplano es justo lo que buscábamos".

Y entre los caballos y los rifles, Sam Shepard y Eduardo Noriega frente a frente. Butch Cassidy que se topa en el camino con un joven ingeniero español que acaba de cometer un robo. Shepard, el dramaturgo y escritor imprescindible de la literatura norteamericana, dio el sí a su participación a la semana de leer el guión. Sus aspiraciones económicas fueron muy humildes, respetuoso con el hecho de que era un filme pequeño. Fue solo a Bolivia, tres meses sin acompañantes ni representantes. E impuso sin quererlo su manera de trabajar. Una interpretación que va directamente a la frase y a la escena de cada día, sin elaboraciones camaleónicas del personaje. Algo que también, en opinión de Mateo Gil, hizo su gran amigo y colega Noriega. "Se ha hecho más consciente de sus limitaciones y sus posibilidades", dice Gil de Noriega. "Creo que se ha soltado emocionalmente, algo que también a mí me ha pasado. No quería que construyera ningún personaje. Quería ver al Eduardo que yo conozco viendo partidos de fútbol o cenando con amigos, ese que estalla en risas como un niño".

Mateo Gil ha encontrado en la leyenda a un Butch Cassidy algo mayor y cansado, pero con ganas todavía de volver a sus viejas ilusiones, alguien que todavía cree que hay que defender los ideales.

Fuente: Elpaís.com

19 junio 2011

DINOSAURIOS DEL ROCK EN ESPAÑOL: MÁS VIVOS Y VIGENTES QUE NUNCA

No son muchos los nombres de artistas del rock en español que han logrado cruzar las barreras del tiempo, las modas musicales y los grandes cambios de la industria musical, para seguir cautivando a más y más seguidores. Hoy en día, es usual ver a padres e hijos disfrutando de su música.

Ellos han escrito imborrables páginas de la historia del rock en castellano, y aunque continúan componiendo nuevas canciones, son noticia en los últimos meses por álbumes en los que dan una mirada al pasado a través de sus temas reconocidos, junto a una pequeña prueba de lo que preparan para el futuro inmediato.

Salmonalipsis Now
DIEZ AÑOS DE LA ERA DEL SALMÓN
En el 2001, la industria del rock en español se conmocionó con El Salmón. No era para menos: se trataba de una colosal producción de 100 canciones y una locura que sólo podía realizar Andrés Calamaro.


Una década después, a manera de homenaje, el propio Andrés, que desde ese tiempo es conocido como El Salmón, lanza Salmonalipsis Now, un álbum doble que contiene 54 canciones, de las cuales cinco son inéditas y el resto un repaso por El Salmón, considerado “una pequeña gran obra de arte”, que por su extensión aún está por descubrir. Y una buena alternativa es hacerlo a través de Salmonalipsis Now.


Más allá de sus locuras artísticas, lleva 34 años de vigencia, haciendo lo que se le ha dado la gana, desde que era la voz de Los Abuelos de la nada y creó el himno Mil horas, y en los noventa, cuando impactó con la banda hispano-argentina Los Rodríguez.





Primera Fila
EL VERDADERO JEFE DEL ROCK


Tras el éxito de Vicente Fernández y Thalia, quienes grabaron un show en vivo para un selecto grupo de personas, Sony Music empezó a buscar un artista argentino para hacer este mismo experimento.


Quién mejor que el “Jefe del rock”, Miguel Mateos, que por estos días cumple 30 años de labores artísticas.


Las instalaciones de la antigua Biblioteca Nacional Argentina, la misma que dirigió Jorge Luis Borges, fue el escenario para Primera fila, un CD/DVD con 14 de sus canciones más reconocidas desde su época con Zas, banda con la cual inició en los años ochenta, y tres nuevas canciones.


Una de las curiosidades de esta producción es que la mayor parte de los seguidores que estuvieron dentro del público, no superaban los 25 años de edad. Haciendo cuentas, no habían nacido cuando Miguel Mateos ya lanzaba éxitos como Atado a un sentimiento, Llámame, si me necesitas y Cuando seas grande, incluidos en esta producción.





Enrique Bunbury


ESTILO MUY MORRISON


Si bien la influencia de Jim Morrison, en especial en el físico, es innegable en el cantautor zaragozano Enrique Bunbury, él ha sabido ganarse su propia identidad en 26 años de carrera, desde el hard rock que hacía como líder de Héroes del silencio y su reconocida trayectoria como solista durante 14 años.


El año pasado realizó una serie de conciertos en el Gran Rex de Buenos Aires. Ahora, lo mejor de esos shows aparece en Bunbury Gran Rex, con las 24 canciones interpretadas allí, desde Apuesta por el rock and roll hasta Las consecuencias, su más reciente álbum en estudio.
Ficha clave en la historia del rock ibérico, Bunbury se niega a bajar la guardia y continúa al pie del cañón en búsqueda de nuevas fuentes para expandir su quehacer creativo, por lo que no tiene miedo de tomar una clásica balada como Frente a frente o la inolvidable ranchera El Jinete de José Alfredo Jiménez y hacerlas suyas.





EN TIERRA DE TIGRES


Aunque no son estrellas de rock, llevan 43 años en la escena musical y ahora son los favoritos del canal MTV. Nos referimos a los mexicanos Los Tigres del Norte, que se preparan para actuar en Colombia en octubre y acaban de lanzar una nueva producción musical.


Se trata de Unplugged: Los Tigres del Norte and Friends, un CD/DVD con 12 de sus conocidas canciones, de las 500 que han grabado. Pero además de interpretarlas en vivo y con instrumentos acústicos, como dicta la norma de los Unplugged, invitaron a varios artistas del pop y rock latino: Paulina Rubio, Juanes, Diego Torres y Calle 13.


Aquí, los tigres demuestran que lejos de hacer apología al narcotráfico, cuentan con un extenso repertorio entorno al amor, pero en especial canciones que son himnos sobre la identidad de América Latina.

Fuente: Eluniversal.com.co

18 junio 2011

BUNBURY EN HISTORIAS REALES: HV ROCK Y GLAMOUR

El próximo lunes 20 de junio llega a la pantalla de E! la exitosa serie: “Historias reales”. La producción de E! traerá a su programación las historias de los personajes más famosos del mundo del rock y su relación con el glamour.

Ellos son Rock Stars pero también son Rockeros que se transformaron en empresarios, actores, amantes del jet set y del lujo. Participan en fiestas glamourosas organizadas por los PR más Top y se relacionan con las mujeres más hermosas del mundo de la moda, el cine y la TV. Cenan en los mejores restaurantes y asisten a los desfiles de los diseñadores top del momento. ¿Quién dijo que el rock y el glamour no van de la mano?.

La señal de E! seguirá de cerca las historias resonantes de exponentes famosos, como: Charly Alberti, Emanuel Horvilleur, Beto Cuevas, Ale Sergi y Enrique Bunbury, entre otros.

17 junio 2011

BUNBURY EN EL FESTIVAL INTERNACIONAL CERVANTINO 2001


ENTREVISTA A ALVARO SUITE

La banda de rock española SUITE, que sorprendió y revolucionó a todos en la gira por su país, dialogó en exclusiva con Bunbury de Luxe Argentina. SUITE esta conformada por Álvaro Suite, Robert Castellanos, Jorge “Rebe” Rebenaque, Luis “Animal” Bestard y Robert “Revolbert” Gómez. En 2006 editaron su debut “SUITE. Piezas Contentas” con el sello Astro, y producido por Sir. Paco Loco.

Tras un 2007 presentando con éxito el disco por varias salas y medios, en 2008, dos de sus miembros pasaron a formar parte de Los Santos Inocentes, actual banda de Enrique Bunbury, junto a Jordi Mena (Jarabe de Palo, Sau), Ramón Gacías (Bunbury, Amaral) Y Jorge Rebenaque (Los Rebeldes, Nel.lo y La Banda del Zoco, Jarabe de Palo). Ahora, aprovechando un descanso tras la gira de “Las Consecuencias” junto a Enrique, SUITE se recupera y bautizan a Jorge Rebenaque como nuevo miembro de la banda, y salen a la carretera a presentar nuevas canciones.

¿Cómo definirían el estilo de “Suite”?

- Yo lo definiría con Rock a secas; rock desde el que se puede derivar a otros estilos según nos pida a Robert y a mí la canción que escribamos. Pero sin etiqueta ninguna, puro rock.

¿Que buscaban el primer día que llegaron al estudio a darle vida a su disco " Suite Piezas Contentas? ¿Cómo fue el proceso de grabación del mismo?

- A nivel artístico, seguimos sin tenerlo claro. Lo que sí queríamos urgentemente era captar el momento de la banda, ya que hacía pocos meses que nos habíamos consolidado como tal, teníamos un repertorio calentito, algunos bolos a la espalda, muchísima farra en el cuerpo, planes de futuro, y un estudio cojonudo esperándonos. Necesitábamos meternos a ver qué pasaba.

¿Cuál es el concepto del disco? ¿Qué cosas les dejó una vez finalizada su grabación?

- Como te he contando arriba, el concepto de “Piezas Contentas” era plasmar el trabajo que veníamos desarrollando en el local los 5 meses anteriores a la grabación. Cada uno de nosotros veníamos de estilos diferentes (aunque todos con una misma inquietud). Nos hicimos muy amigos; muy, muy amigos. Robert y yo planteamos la opción de grabar un disco con todas las canciones que teníamos más o menos respetables. Buscamos sello y editorial, hablamos con Sir. Paco Loco, y nos lanzamos de cabeza a pegarnos dos semanas como Los Stones…
Todos en Suite le tenemos mucho cariño a “Piezas Contentas” por todo lo que te he contado. Porque supone un primer hijo en una relación entre 4 amigos. Fue todo muy rápido. Con muy mala preparación y casi nula preocupación por el resultado final (eso se lo dejamos a Sir. Paco Loco). Y aun así salieron algunas de mis mejores canciones.

¿En qué se basan las letras de las canciones? ¿Quién compone?

- Pues solemos alternarnos con Robert en la tarea de escribir. Algunas son todas suyas, otras son todas mías, y el resto las hacemos a medias. Lo típico: “esta frase no es del todo correcta, pon esto acá, saca y pone este otro verso...”. Mis canciones hablan de mí, de personajes que me invento, a los que les aplico una historia que a veces me gustaría que me ocurriera a mí, o les implanto sentimientos que comparto. Intento que mis textos tengan un impacto en el oyente y así poder acercarme a él; y él a mí. En general estoy muy unido a mis letras, aunque aún no he conseguido escribir algo de lo que esté orgulloso del todo. Me queda un largo trecho…
Robert suele escribir canciones de amor fantásticas y redondas, y a veces le sale su vena callejera y te deja unos versos hermosos.

¿Qué influencias artísticas tiene Suite?

- Las evidentes, más algo de cosecha propia y genuina de cada uno de los componentes.

¿Cuál es la situación de una banda relativamente nueva como ustedes en relación a otras bandas que llevan más años de conformación?

- Bueno, ninguno de nosotros 4 veníamos que digamos de la nada. Robert co-lideraba una banda de mucho calado en España: Carrots, con los que editaron los mejores discos de rock-pop sicodélico del país durante la segunda mitad de los 90 y principios de este siglo. Yo hice mis cosas más o menos relevantes con bandas propias, colaboraciones, discos en solitario, y acompañando a artistas extranjeros en gira. El Animal tocaba en una banda impresionante que también caló hondo en el Indie español: El Diablo en el Ojo. Terriblemente buenos. Alta calidad.
Y Revolbert lleva toda la vida tocando con artistas, bandas, jams, etc...

Así que podemos que Suite no éramos una banda relativamente nueva.
De hecho, creo poder decir que en el momento de sacar nuestro debut ya éramos bien respetados entre bandas ya consagradas. Se nos esperaba...

Lo qué sí te puedo decir es que montar esa banda fue lo mejor que podíamos hacer en aquel momento todos y cada uno de nosotros. Seguir con lo que tenía cada uno hubiera sido un desastre; todas aquellas bandas desaparecieron justo entonces, o poco después, en pro a unificar esfuerzos y talento en Suite, donde vimos un futuro creativo y celestialmente divertido donde dar rienda suelta a nuestros deseos inmediatos y zorros.

¿Cuáles fueron las cosas más grandes que vivieron como músicos?

- Viajar, componer y ensayar, salir siempre juntos, asistir a unas farras descomunales, etc... Yo, personalmente, creo que lo más impresionante que he visto en mi vida es al propio Animal…

Instrumentalmente, ¿Piensan incorporar algo más?

- Hace unos meses se ha unido El Rebe (Bunbury & Los Santos Inocentes, Rebeldes, Jarabe de Palo) a la banda para la gira española. Y de momento nos sentimos abrumados por la sonoridad de las canciones, tanto las nuevas como las viejas, desde que él le mete a las teclas.

¿Cómo vivieron el girar por España?

- Fue un puto desastre por temas de producción, promoción y personal. Nos falló el personal técnico y el que era nuestro sello hasta entonces. Y lo que en un principio de planteó como algo grande y cómodo se convirtió al segundo día en algo caótico, arriesgado y muy molesto para nosotros. Así que nos pasamos la mayoría del tiempo trabajando en lo que no debíamos para mantener el barco a flote y no hundirnos. Menos mal que de los cinco conciertos, cuatro fueron realmente memorables. Además nos dio la oportunidad de ver el peso de las canciones en directo; y eso siempre he oído que es bueno, no?...
Confío en que el tiempo sumerja lo malo y saque a flote lo positivo.

¿Qué proyectos tienen a futuro?

- La verdad es Robert y yo estamos muy centrados en el trabajo, la familia, Bunbury y el compromiso laboral-personal que tenemos con él. No nos planteamos nada que no sea seguir aportándole lo que le aportamos como músicos. Es lo más gratificante y real que he vivido nunca.
Lo qué sí sabemos es que siempre tenemos Suite para regresar los períodos en los que Enrique para. El siguiente parón nos planteamos darle unos retoques a las canciones nuevas que mostramos en esta gira, acabarlas de una vez, y planear la grabación. Pero eso no se puede saber cuándo ni cómo será.

¿Podemos afirmar que tenemos Suite para rato?

- Mientras Robert y yo tengamos canciones y manos, sí…

¿Cómo toman la posibilidad de tocar en Argentina? ¿Con que show se van a encontrar los argentinos si se da la oportunidad de que Suite se presente en nuestro país?

- Ni que decir tengo que para Suite ir a tocar a Argentina es una locura. Es la puta cuna del rock en español, del tango, de las minitas (mi mujer es de allá), de la carne roja, Maradona, etc.…
De Salta a Tierra del Fuego tierra santa.
En cuanto a lo que esperamos de allá, tengo muchos amigos argentinos y por lo que he entendido a los argentinos y a las argentinas les va el rock.
Suite hacemos rock de verdad.

Fuente: BunburydeLuxeArgentina.com

BUNBURY HABLA DE LA POLÉMICA RUSSIAN RED

Lourdes Hernández, más conocida como Russian Red, ha provocado una animada controversia mediática al admitir en una revista de moda que ella se decanta por la ideología de derechas. Hoy EP3 publica un artículo que recoge reacciones de varios compañeros de profesión. La propia Russian Red, Enrique Bunbury, Nacho Vegas, Andrés Calamaro y Manolo Martínez (Astrud) se explayan a continuación sobre esta cuestión y otras más generales, como las querencias políticas del gremio musical, si los artistas de derecha callan por no molestar o la forma en que influye la postura política personal a la hora de hacer canciones.

ENRIQUE BUNBURY

Hace unos días la cantautora indie Russian Red se declaraba de derechas en la revista Marie Claire y esa declaración se convirtió en la tercera noticia más vista de La Razón y la primera en la web musical Jenesaispop. ¿Qué opinas de esta reacción de los lectores?
La Razón, ni los comentarios de los internautas, en general. Supongo que lo preguntas porque la pondrían a caldo. La política en España y en otros países bipartidistas siempre es un tema controvertido. Particularmente, considero obsoleto y poco elegante tanto ser de izquierdas, como de derechas. Ante el Fondo Monetario Internacional todos somos iguales, o sea, la nada.

¿Crees que hoy en día en España declararse simpatizante de una u otra opción política puede ayudar o perjudicar carreras musicales?
Por supuesto que es perjudicial, pero para la salud. El mundo en el que vivimos tiene problemas más importantes que las rencillas a las que quieren que juguemos los verdaderos intereses planetarios. Mientras nos peleamos por si queremos Rajoy o Rubalcaba nos están metiendo los goles por la escuadra.

De vez en cuando se escuchan conversaciones de backstage donde se afirma que el pop español en general es entre apolítico y de derechas. ¿Hasta que punto estás de acuerdo con esta afirmación?
No conozco a muchos músicos del pop español. Tampoco me importa mucho si Nena Daconte o La Quinta Estación vota a Convergencia o a UPyD. En general, el Rock siempre fue de izquierdas. Pero tampoco es una cualidad que denote una mayor inteligencia o sensibilidad. Ya te digo que son el mismo perro con distinto collar.

¿Conoces casos de músicos que son de derechas pero temen decirlo en público?
Sinceramente, no. Pero conozco no-músicos de derechas. Y hay gente maravillosa aquí y allá, aunque voten a los partidos que nos meten en los berenjenales en los que estamos. Si ser buena persona es independiente de tus despropósitos políticos, igualmente, ser buen músico, no tiene porque identificarte con una línea de pensamiento concreta.

¿Qué opinas de explicitar tus opiniones políticas en una canción? ¿Es necesario, optativo, inevitable?
Creo que los medios de comunicación y los partidos políticos han enfrentado al pueblo con los titiriteros, despreciándolos, sabedores de que una canción, una película o un poema son mucho más poderosos de lo que, seguramente, les gustaría.

Cualquier otro comentario que te parezca oportuno hacer sobre este asunto es bienvenido.
Me gusta el nuevo sencillo de Russian Red, escucharé su álbum en las próximas horas.

Fuente: ElPais.com

14 junio 2011

NACHO VEGAS EN ABIERTO HASTA LAS 2

Cabizbajo, tímido, con un estilo intimista, pero siempre rodeado de su fiel público, recibimos en nuestro café teatro al cantautor Nacho Vegas acompañado al piano por Abraham Boba. Nos presenta su quinto disco en solitario 'La Zona Sucia'. Esta noche Miguel Ángel hoyos le invita a hacerse un auto-perfil al pedirle que comente cada uno de los sonidos y canciones que suenan en su sección. Comienzan las sorpresas con el testimonio de Borja, componente de Eliminator Jr., la primera banda de Nacho Vegas. Su amigo y compañero en su propio sello discográfico Marxophone, Fernando Alfaro, comenta el apoyo mutuo que se han dado en sus carreras en solitario. Una noche más, aprendemos con el gran productor Manolo Memphis (Dani Rovira). Pepa, la profesora de literatura en el instituto Calderón en Oviedo, nos descubre que ya apuntaba maneras aquel alumno 'esponja' que en sus clases tomaba apuntes mentales. Y Adolfo P. Suárez, creador de la carátula del nuevo disco nos desvela algunas anécdotas automovilísticas del artista.

ENTREVISTA A NACHO VEGAS

Amigo de Andrés Calamaro y Enrique Bunbury, con quienes comparte grabaciones, ideales cancioneros y alguna que otra noche de juerga, Nacho Vegas brilla con luz propia en España, donde es considerado un artista de culto, pero no para pocos: sus canciones, más tradicionalistas que de avanzada, tratan los grandes temas universales (el amor, la muerte, el deseo) pero desde una óptica muy personal donde ganan los tonos graves (aunque no pesimistas) y cierta serenidad luminosa.

“Hacer canciones, para mí, es buscar algo de paz dentro del caos”, dice en conversación telefónica con Tiempo Argentino. “Mi idea, sin embargo, no es combatir al caos sino, más bien, constatarlo, aceptarlo”, reflexiona. Y sigue: “Me gusta lo de ser sereno. Nunca me lo habían dicho. Permite ver más allá, no quedarse sólo con lo que se tiene enfrente”.

Con casi una decena de álbumes en su haber (incluyendo EP y discos escritos a cuatro manos con la cantante Christina Rosenvinge y Bunbury, ver recuadro), Nacho Vegas acaba de sacar La zona sucia, su último disco solista que ya tiene edición local a través del sello Ultrapop. “La pasé muy bien cuando anduve por allí “, cuenta sobre su visita en 2008 en ocasión del Bafici. “La gente me recibió con mucho cariño. Y voy hacer lo posible por regresar antes de fin de año. Lo prometo.”

El cantautor –identificado desde sus inicios con Leonard Cohen– explica que el nombre del disco hace referencia a la Fórmula 1, de la cual es aficionado (en la jerga se conoce como ‘zona sucia’ a la parte de la pista que está por fuera del trazado oficial, pero que igualmente es utilizada por los pilotos). “Soy de Asturias, el mismo lugar de donde es (Fernando) Alonso. Y muchas canciones surgieron los domingos a la mañana, mientras veía las carreras”, cuenta.

Bastante menos barroco que en anteriores trabajos, el álbum muestra a un Nacho Vegas que vuelve a inmiscuirse en las relaciones amorosas. “El determinismo un poco trágico es un poco inevitable a la hora de pensar una relación. Ese lugar al que entras sin saber nunca dónde vas a terminar”, comenta sobre “Cuando te canses de mí”, el tema que abre el disco. “Y cuando crees que eso que vives con otra persona es muy sólido y de todos modos se desmorona, lo único que te queda es volver a insistir. Al fin y al cabo, de eso se trata vivir.”

En plena ebullición del movimiento de indignados que recorre España y parte de Europa, Vegas ve el fenómeno con simpatía: “Hace unos años, cuando pasó la crisis de 2008, pensé que el sistema finalmente se iba a salir con la suya, estaba pesimista, porque había jodido a muchos y ahora el gobierno lo estaba ayudando. Pero resultó que la gente terminó por hartarse. Por fin. Y es en estos momentos considero que la música se vuelve más necesaria. Porque tiene el poder de la representación y de la resistencia.”

–A la hora de componer distinguís entre honestidad y sinceridad. ¿Qué las diferencia?
–Yo creo que uno tiene que ser honesto con una canción. Y, para ello, no es obligatorio ser “sincero”, remitirse a la realidad. A veces uno es más honesto ficcionalizando lo que pasó que mostrándolo tal cual fue. Ahí aparece la verdad. Por eso no me parece relevante saber si una canción es autobiográfica o no. No pasa por ahí.