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19 enero 2011

LOS 25 MOMENTOS DEL ROCK ESPAÑOL

La historia musical en España, de 1962 a 2001, a través de inolvidables momentos. No es una lista pétrea, simplemente hemos elegido 25 acontecimientos sugerentes: puntos de partida, finales bruscos o anomalías.

1. LAS MATINALES DEL PRICE (1962): El rock and roll español comienza en un circo, ¿pasa algo? El Price Hall abre sus puertas a la “música moderna”, con entradas de 10, 15 y 20 pesetas. Es el domingo 18 de noviembre de 1962. Programa Pepe Nieto, compositor cinematográfico, y el animador es Miguel Ángel Nieto. Aquella presentación en sociedad de “los ritmos trepidantes” cuenta con dos vocalistas - Ontiveros y el filipino Eddy - más varios conjuntos: Los Pekenikes, Los Estudiantes, Micky y los Tonys, Los Relámpagos y los gibraltareños Diamond Boys (con Albert Hammond, ya sabes, el padre-de-uno-de-los-Strokes). Es un éxito que se prolonga durante bastantes matinales, ante medios de supina ignorancia: el titular del diario Madrid informa que el Price ofrece “Jazz cada 15 días”.

2. HORA DE BRINCAR (1964): De aquel fermento de “conjuntos” surgen Los Brincos, con miembros procedentes de Pekenikes y Estudiantes. Buenas familias (militar, en el caso de Juan Pardo), chicos un poco crápulas (especialmente su baterista, Fernando Arbex), afortunados que han podido viajar (Antonio Morales Junior ha nacido en Filipinas), algo de farándula (Manolo es hermano del actor Agustín González), con experiencia (Juan Pardo y Junior ya han grabado incluso como solistas). El modelo son los Beatles: cantan, tocan y componen. Para ellos, Zafiro crea un sello (Novola) y les financia equipo más un año de ensayos y grabaciones. Se estrenan a lo grande, el 15 de diciembre de 1964. Sacan simultáneamente un LP, un single y un EP. Cantan en inglés y en español, acentuando su casticismo en música (Flamenco es su primer éxito) y en imagen: capas, zapatos con cascabeles.

3. BLACK IS BLACK/ I WANT MY BABY BACK (1966): El cantante (Mike Kennedy Kogel) es alemán, el productor (Alain Milhaud) nació en Suiza, la canción es inglesa y se graba en Londres, con mercenarios de estudio reemplazando a los instrumentistas españoles. Pero Los Bravos han sido concebidos en España, un lanzamiento hecho en complicidad con Radio Madrid. Black is black sale el 17 de junio de 1966 y escala las listas de todo el mundo: el orgullo nacional se dispara. Habrá otro éxito internacional, Bring a little lovin (1968), aunque los rigores de la promoción internacional desinflan al incontrolable Mike Kennedy: desfallecimientos, desmadres, desplantes...

4. DEL HIMNO DE LA ALEGRÍA A LA CÁRCEL (1970): Verano de 1970. Miguel Ríos está en Japón (¡con Karina!), grabando un especial para TVE, cuando se entera que su Himno de la alegría -Beethoven adaptado por Waldo de los Ríos- arrasa en Estados Unidos. Vuela hasta Los Ángeles para un frenesí de promociones; Miguel se empapa del hippismo californiano, prueba la cocaína, comprueba que existen las groupies y el sexo casual. La vuelta a la España franquista será dura: poco después, la policía publicitará que ha sido encarcelado por “fumar droga” y se pasará una temporada en el psiquiátrico de la cárcel de Carabanchel.

5. LIBERTINAJE EN CANET (1975): Desde finales de los 60, con la ascensión de los melódicos y los grupos comerciales a lo Fórmula V, el rock español pasa a la clandestinidad. Reaparece el verano de 1975, primero en Burgos y, ya con colores contraculturales, en Canet, localidad costera barcelonesa que ya acoge un festival de cançó catalana. En el cartel del Canet Rock, rock layetano y un pelín de flamenco hippy (se estrenan Lole y Manuel). Aunque los organizadores engatusan a la Guardia Civil, el largo brazo de El Pardo llega hasta allí: se prohíbe actuar a Sisa, por declararse “anarquista” en una entrevista de Fotogramas. Suena el disco de su Qualsevol nit pot sortir el sol en el escenario vacío.

6. MORIS, EL PIONERO ARGENTINO (1977): A mediados de los 70, cuando Moris aparece en Madrid, el rock es underground: los escasos grupos hacen como que cantan en inglés. Moris, veterano del fértil rock argentino, comienza a actuar en solitario, con guitarra eléctrica (aunque graba luego con grupo), y con un repertorio abundante en referencias madrileñas. Es una revelación que planta la semilla del rock urbano. Para nuestro rock, las transfusiones de músicos argentinos han resultado inestimables. Alejo Stivel y Ariel Rot están detrás de Tequila, primer fenómeno de masas puramente rockero. Doce años después, Ariel trae a Andrés Calamaro para encabezar Los Rodríguez.

7. LA PRIMERA PIEDRA DE LA MOVIDA (1980): La Nochevieja de 1979, muere en accidente de automóvil Canito, baterista de Tos (que luego serían Los Secretos). En su memoria, la naciente nueva ola capitalina se junta en febrero en el auditorio de la Escuela de Caminos. Las cámaras de Popgrama resumen aquello y, una vez emitido, hay áspera división de opiniones: es cierto que Alaska y los Pegamoides, Trastos, Mamá o Nacha Pop no son prodigios de precisión musical, pero la propuesta trae voluntad de diversión (y expresión generacional) tras cuatro años de terremotos políticos, con mucha sangre en las calles. Es el acto fundacional de la Movida.

8. EL BARÓN AMETRALLA READING (1982): Chapa Discos, el sello rock de Zafiro, tiene en Barón Rojo a su máxima estrella y quiere lanzar al grupo madrileño en el Reino Unido. El periodista musical y productor Mariscal Romero recuerda: “El directivo de la compañía inglesa me dijo que sacaría Volumen brutal si le conseguía entradas para la final del Mundial en el Santiago Bernabéu. Eso está hecho, dije, aunque no tenía ni contactos. Se lo pasó bien y cumplió”. De rebote, los barones tocan en el festival de Reading, el más importante de la época en Inglaterra. No pasa nada, aunque Chapa proclama que Volumen brutal es nº 1 en el Reino Unido (en realidad, se reproduce la playlist de una discoteca heavy, donde adoran al grupo).

9. ASTILLAS DEL LEÑO CAIDO (1983): Leño, el trío que encabezó Rosendo Mercado, es el gran prototipo del rock español: puedes encontrar sus ecos en la mayoría de grupos de rock de este país. Pero su vida era ingrata: se llevaban mal, no veían recompensa a sus esfuerzos, Rosen llevaba todo el peso y no podía salir del corsé. En otoño de 1983, después de tocar ante multitudes en la gira El rock de una noche de verano, anuncian que rompen, ante la incomprensión general. A Rosendo le cuesta desligarse de Zafiro, que incluso maquina montar un Leño sin él: debe renunciar a todos sus derechos. No es extraño que el guitarrista haya rechazado todas las presiones imaginables para resucitar al trío.

10. NOCHES DE ROCK-OLA (1983): Rock-ola no era un paraíso: estaban los porteros (brutales), las bebidas (venenosas), la decoración (horripilante). Pero fue un local fértil. Entre el 31 de marzo de 1981 y el 15 de marzo de 1985, abrieron 1.500 noches y nunca falló la programación. Según su responsable, Lorenzo Rodríguez, “hubo desfiles de moda, performances, cenas de homenaje, debates, exposiciones, un rastrillo, teatro y ¡peluquería en directo! Si veíamos un hueco, diseñábamos invitaciones y, luego, veíamos qué se nos ocurría”. En lo musical, primaba el power-pop y la cola del punk. En Madrid no interesaba la música negra: una banda tan explosiva como Defunkt tuvo 20 espectadores. Lorenzo recuerda otro pinchazo: “En la época baja de Radio Futura, tuvieron 32 personas. Frustrado, Santiago [Auserón] rompió un espejo. Pero al día siguiente, con Spandau Ballet, hubo overbooking, tanto calor que se caían las etiquetas de las botellas”. Almodóvar y McNamara siempre funcionaban. Los disfraces, la desfachatez, las letras corrosivas garantizaban la diversión.

11. UN MÁRTIR DE 20 AÑOS (1983): Era rápido como una ardilla. Eduardo Benavente, madrileño de 1963, comprimió muchas experiencias en su corta vida. Formó un grupo -intenta imaginarlo- con Nacho Cano y Luis Bolín, de La Unión. Proyecto frustrado por los modos de Nacho: “Pretendía regular nuestra vida, lo que fumábamos o bebíamos”. Estuvo con Plástico y, en 1980, cayó en el nido de víboras de Alaska y los Pegamoides, tocando la batería. Allí había varias estrellas temperamentales pero Eduardo no se achantaba y pronto demostró energía de líder. Su gran grupo fue Parálisis Permanente, generado en complicidad con Nacho Canut: junto a las obviedades temáticas, se apreciaba un genuino talento para el punk-pop. Se vino a casa de este periodista, a rodar el clip de Autosuficiencia para el programa Pista libre, y me dejó perdida la bañera con la falsa sangre de su fingido suicidio, aunque también le rodaron en la cama, hojeando un Rolling Stone con Keith Richards en la portada (en ciertos círculos madrileños, demostrar interés por los Stones era pecado mortal). Con Ana Curra, formaban una de las parejas más deseadas de aquel Madrid en ebullición. Vivían, se decía, peligrosamente: se les adhirió la aureola erótica de las fotos de Pérez Mínguez para El acto, su único LP: las mínimas ropas -de cuero y hechas en casa- de la teclista desprendían vibraciones sado-maso. Las fantasías se desintegraron con la tajante prosa de una agencia de prensa: El sábado [14 de mayo de 1983], Eduardo Benavente Pérez, de 20 años, falleció a las cinco de la tarde, cuando el Seat Ronda M-3458-EX se salió de la carretera en una curva y dio varias vueltas de campana, a la altura del kilómetro 17 de la autopista A-68, en el término de Alfaro. Eduardo viajaba con Ana Isabel Fernández, de 24 años, y Jorge Toti Árboles Sánchez, que sufrieron lesiones y fueron llevados a la policlínica de Calahorra. Los tres componentes de Parálisis Permanente viajaban de León a Zaragoza, donde esa misma noche actuaban”. Unos centímetros por encima de la necrológica, El País anunciaba, en las onomásticas, que el 17 de mayo “cumple años Eduardo Benavente, ex miembro de Alaska y los Pegamoides”. Todavía no se había registrado su muerte.

12. ANSON ATIZA LAS LLAMAS (1983): En 1983, Carlos Tena dirige Caja de ritmos, programa que quiere reflejar la explosión de nuevos grupos de la independencia discográfica. El autor de estas líneas sugiere contar con Las Vulpess, punky girls de Bilbao. Su actuación pasa desapercibida hasta que el ABC, buscando un flanco para atacar al PSOE, se rasga las vestiduras y transcribe (mal) la letra de Me gusta ser una zorra, adaptación del I Wanna Be Your Dog, de Iggy Pop. Las Vulpess saltan a la fama (y se desintegran). Tena es procesado por el Fiscal General del Estado, TVE cancela el programa, y Luís María Anson comprueba que los rojos se acojonan fácilmente.

13. TRIANA TERMINA EN EL ASFALTO (1983): La Movida resulta fatal para los supervivientes de la travesía del desierto de los setenta. Triana, que ha visto su rock andaluz convertido en movimiento que mueve multitudes, son víctimas, igual que ocurre con grupos que anticiparon los sonidos nuevaoleros, como Tequila. Cierto que Triana ya anda sin rumbo, probando incluso con ritmos de música disco. Su cabecilla, el cantante y teclista Jesús de la Rosa, muere en una carretera burgalesa el 13 de octubre de 1983. Qué paradoja: los andaluces vienen de tocar en un concierto de San Sebastián a beneficio de las víctimas de las inundaciones en tierras vascas.

14. EL AUDAZ NUEVO ROMÁNTICO (1983): Si lo de Almodóvar -de la Telefónica a Hollywood- es un salto inimaginable, lo de Celestino Casal (Tino Casal) no se queda lejos. Procedente de un grupo de verbenas asturiano, los Archiduques, se planta en Madrid y aspira al trono de Nino Bravo; luego, hasta produce a Obús. A principios de los 80, Tino es lanzado como new romantic ¡con barba! Hay más apariencia que substancia, pero resulta imposible discutir su audacia: a finales de 1983, presenta un cortometraje sobre la canción Embrujada, quizás el primer vídeo made in Spain con estética y ritmo de MTV. La sinopsis es reveladora: “Embrujada encierra un drama: su propia vaciedad”.

15. EL CINISMO DE TIERNO (1984): Todavía circula el mito de que la Movida brota de las arcas municipales, cuando el PSOE reina en Madrid. En realidad, los sociatas ven con desconfianza aquel despuntar, asumiendo el tosco análisis de Francisco Umbral, que contrapone la “autenticidad” vallecana de Ramoncín a los chicos bien de la nueva ola. Luego, cuando aquello marcha, se suben al tren. Así, el alcalde Tierno Galván alardea de tolerancia drogota: “A colocarse, y el que no esté colocado que se coloque”. Es el 16 de marzo de 1984, en el Palacio de los Deportes, durante un festival de 24 horas de Radio 3. Barranco, su segundo en el Ayuntamiento, dice hoy que nadie se lo sopló, que don Enrique conocía la jerga juvenil y sabía lo que decía. Cuesta creerle, dado que el alcalde inaugura una calle con el nombre de John Lennon y durante su discurso no para de denominarle “Lennox”.

16. EL PUNK ANIDA EN EL PAÍS VASCO (1986): Son las cosas de este país: cuando el punk ya ha desaparecido del rádar británico, en España adquiere carácter de religión, con lecturas alucinadas de la ideología de los imperdibles. Prende especialmente en el País Vasco, donde brota el robusto Rock Radical Vasco, que incluye hasta grupos que apoyan a ETA a la vez que se ponen ciegos de drogas (son los días en que los nobles gudaris se dedican a matar camellos ante la indiferencia general). Lo de “anarquía en las calles” se hace realidad. Cuenta Elena López en Del txistu a la telecaster cómo discurren las fiestas de Vitoria del 86. El festival “alternativo y ateo” incluye actuaciones de Kortatu, Korroskada y Cicatriz, cuyo público resiste consecutivas cargas de los antidisturbios de la policía vasca y de la nacional. Gases lacrimógenos, tiros al aire, cócteles molotov, apedreamientos... “y Cicatriz siguieron tocando e incitando a la gente”.

17. EL PRINCIPE ¿ROCKERO? (1993): El 20 de julio de 1993, las puertas de la Zarzuela se abren para Héroes del Silencio. EMI mueve hilos para que el príncipe reciba 15 minutos a los maños-que-hasta-triunfan-fuera. Le llevan sus discos y un trofeo que les han dado en Alemania; Felipe nunca les ha visto y promete que lo hará en Estados Unidos, donde va a pasar un año de estudios... Las fotos se difunden pero el heredero no gana credenciales rockeras: en el ABC, declara que no le gustan los Rolling Stones –“son unos carrozas”– y que lo suyo es Mecano. Un joven pijo, claro.

18. PERSIGUIENDO A MANU CHAO (1994): De repente, Manu Chao se instala en Madrid, con su grupo. Está maquinando la Feria de las Mentiras, indescriptible festival que se montará en Galicia. Mientras, en la mejor tradición guerrillera, actúa aquí y allá, pero se complica cuando la actuación es gratuita. El 1 de diciembre de 1994, la FNAC es sitiada por miles de personas. Aquello se pone feo: imposible tocar para un puñado de ellas. Hasta que Manu sugiere celebrar un concierto en la Revólver (hay complicidad, claro, entre el parisiense y los encargados de la sala). Y hacia allí se va la masa, bajando por el centro de la Gran Vía ante el pasmo de municipales y automovilistas.

19. INVASIÓN 'INDIE' (1995): Tres pilares del minúsculo mundo indie se unen para crear en 1995 el primer festival “a la inglesa” en España: Joako Ezpeleta (de la revista Spiral), Luis Calvo (fundador del sello Elefant) y los hermanos José Luis y Miguel Morán (que llevaban la extinta sala madrileña Maravillas, y Nasti). Se escoge un lugar costero, el turístico Benicàssim, y en su velódromo actúan bandas de pop británico como Charlatans o Ride, y emergentes indies españoles como Los Planetas o Australian Blonde. Pese a fallos de organización (el cámping se queda pequeño y se pone a la gente en descampados) el FIB es un éxito, y se coloca la primera piedra para el evento musical veraniego más importante del país.

20. LA NOCHE DE LOS ANTONIOS (1995): En 1995, Ketama es más grupo de culto que de superventas. A los Carmona les cuesta crear nuevas canciones y proponen a la compañía grabar un directo en el estudio, una iniciativa recibida con desgana. Pero insisten y el 28 de marzo convocan a familia y amigos en Cinearte. Allí acuden desde el clan Almodóvar hasta los Antonios (Flores, Vega y Canales, que desfilan por el escenario). Los Carmona están sembrados. Un nervioso Antonio Vega se declara impresionado de estar al lado de “tantos y tan grandes músicos”, a lo que Carmona apostilla: “Pero canijos”. Se vuelve a grabar la noche siguiente y se edita como De akí a Ketama. La combinación de canciones medio conocidas y una banda con pegada hacen el milagro: ese verano suena por todos los rincones. Termina vendiendo medio millón de copias y será el primer gran éxito de lo que se llamó el Nuevo Flamenco.

21. DECIBELIOS PARA LORCA (Y COHEN) (1996): El éxito de Ketama permite a Juan y Antonio Carmona montar un homenaje a lo grande a su padre, Juan Habichuela, en su tierra de origen. El 2 de febrero de 1996, en un pabellón granadino, se suceden las actuaciones flamencas. Pero la comidilla es que el jeque local, Enrique Morente, tiene reservada una sorpresa. Sale cantando sobre un ritmo de procesión y, de golpe, cae el martillo eléctrico de Lagartija Nick, que se materializa entre sombras. El impacto es tan brutal que el recinto parece levitar durante unos segundos. Y no, no se puede atribuir a algo que hayamos tomado: nos hemos colado a la zona VIP y allí también las señoras de los abrigos de piel están brincando enloquecidas. Omega enseña su filo.

22. EL ROCK MÁS EXTREMO (1996): 1996 es el año de Extremoduro. Lo que algunos creían una panda de punkis “pies negros” se revela, con Agila, capaz de crear rock de alto octanaje, deslenguado a la vez que poético. Lo que era un secreto de marginales se convierte en fenómeno interclasista. La gira se prolonga y se corona con dos noches de reventón en el Palacio de los Deportes madrileño, que atraen a una muchachada que parece nunca haber estado en un concierto multitudinario: se asombran de que en el recinto no se venda alcohol, lían porros con ostentosas precauciones, se desconciertan ante la alternancia del repertorio de Extremoduro con el de Platero y Tú. Tienen razón: a pesar de su nueva finura en el estudio, los shows de Robe Iniesta son más caos que fuerza dirigida.

23. EL ÉXITO SIN MEDIOS DE DOVER (1997): En 1997, Dover llega a Subterfuge como otro grupo más, marcado en el corazón por Seattle y cantando en un inglés elemental. Las hermanas Llanos han debutado en Everlasting, donde han sido tratadas con la displicencia habitual. Sin embargo, se palpa algo especial en su Devil came to me: José María Rey comienza a pincharlo en Radio 3 y el público más tierno recibe una descarga eléctrica. En Subterfuge, la centralita se colapsa con llamadas cargadas de urgencia. Y las cifras suben: 50.000, un cuarto de millón, más y más. Hasta el punto que la compañía sufre una crisis de liquidez. Mientras espera el pago de los pedidos servidos, debe seguir fabricando para saciar la demanda (Carlos Galán, director de Subterfuge, terminará vendiendo su contrato a EMI). No, el anuncio de Radical Fruit no resulta decisivo: “Otros grupos tuvieron esa palanca y no sirvió para nada”. Sencillamente, uno de esos momentos mágicos en que un grupo descubre su público (y al revés).

24. MECANO, EL TRÍO DISFUNCIONAL (1998): Hay grupos que edifican laboriosamente su propia ruina. Durante los 80, Mecano tiene la fórmula perfecta; José María y Nacho Cano se esfuerzan en proporcionar grandes canciones a Ana Torroja. Desdichadamente, la competitividad degenera en rencillas, agravadas por cierto hastío de los hermanos respecto a un proyecto que, en la embriaguez de la creación, creen que ya no está a su altura. En 1998, el trío se arrejunta para el lanzamiento de Ana/ Jose/ Nacho, un doble de éxitos-con-novedades. El 26 de noviembre, la AFYVE les concede uno de sus (dudosos) honores, el Premio a la Trayectoria Nacional. Cuando salen a recogerlo, Jose da la campanada: anuncia que deja el grupo, ante el estupor de sus compañeros y de la audiencia. Años después, el propio ejecutor de Mecano tantea la posibilidad de volver a reunirse. Su gurú en asuntos discográficos le dice que no, que mejor piense en montar un musical. En eso siguen.

25. EL JAMACUCO DE SABINA (2001): Cuando uno se internaba en un concierto de Sabina, se llevaba una sorpresa. El respetable no eran hembras lanzadas, delincuentes nobles y canallas finos de los que pueblan su cancionero; era gente normal. Gente que vivía una fantasiosa vida salvaje a través de Joaquín. Así, cuando se difunde lo del jamacuco que le deja tocado (23 de agosto de 2001), algo se rompe en esa imagen: se sabe que ya no ejerce de pichabrava y ahora deja la farlopa, el tabaco y el whisky. Nadie puede pedirle otra reacción, pero tampoco se puede evitar la sospecha de que “éste no es mi Joaquín”.

Este reportaje fue publicado en ROLLING STONE (número 157) en julio de 2004.

Fuente: RollingStone.es

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